Todos los post de Gonzalo Millán

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[Crítica] Doctor Extraño

Scott Derrickson lleva a la gran pantalla al superhéroe más surrealista del universo Marvel. Con Dr. Strange nos vemos obligados de manera irremediable a desaprender lo aprendido y a replantearnos el cada vez más extendido prejuicio de que, en el mundo del superhéroe, nada puede sorprendernos ya.

Con una trayectoria cinematográfica que se mueve entre lo sobrenatural y el terror, no es de extrañar que Derrickson fuera el candidato perfecto para dar vida al Dr. Strange. Por el mismo motivo, el camaleónico Benedict Cumberbatch y el halo de misterio en el que gusta de envolverse, le convierten en el indiscutible protagonista de esta cinta.

Un brillante cirujano con acusados ataques de egolatría (Benedict Cumberbatch) disfruta de una vida de éxito, alejado del interés que pueden suscitar el resto de los mortales. Sin embargo, un hecho traumático lo embarca en un viaje hacia la humildad y la espiritualidad, descubriendo un mundo desconocido para él y viéndose envuelto en una guerra en la cuál será puesto a prueba por ambos bandos.

Un espectáculo visual complejo que desafía las leyes físicas y se zambulle en el mundo de lo psíquico pero que al mismo tiempo presenta una historia fácilmente vendible para todos los públicos en un film de superhéroes sin artificios donde desde el primer momento queda muy clara la frontera que marca el límite entre el bien y el mal. Esa visión estereotipada va tornándose más intrincada a lo largo del metraje, convirtiéndose en una escala de grises, con un héroe presuntuoso y egoísta alejado del clásico justiciero, y con un mundo místico en el que todos pueden verse salpicados por la ambición y caer en la oscuridad.

Colores vivos, atmósferas de cristal y escenarios imposibles que evocan a Origen de Christopher Nolan y a Matrix, un poco de misticismo jedi y la importancia del poder de la mente y el control del cuerpo a través de la espiritualidad, todo ello aliñado con humor ligero y de buen gusto.

Resulta sin embargo previsible hasta cierto punto, aunque sin caer en la obviedad y nos mantiene pegados a la butaca haciéndonos participes de un universo que para muchos era desconocido.

La importante carga espiritual de la película, con tintes budistas, y el constante empeño de humanizar al villano poniéndolo al mismo nivel que el héroe, marcan la diferencia en Dr. Strange, con una narrativa única y original que nos deja con ganas de más.

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[Crítica] X-Men: Apocalipsis

Tras una potente campaña mediática que nos ha ido preparando durante los últimos meses, llega a la gran pantalla X-Men: Apocalypse. La cinta dirigida por Bryan Singer nos lleva de nuevo a la academia de mutantes del universo Marvel y consigue recuperar la esencia de los personajes originales gracias a una nueva generación de actores que ya toman el testigo de sus predecesores.

Se trata de un espectáculo visual, ni más ni menos. X-Men presenta a su villano más temible, encarnado por un irreconocible Oscar Isaac, Apocalipsis, que pretende, para variar, controlar a todos los mutantes y someterlos a su voluntad, así como acabar con los humanos de todo el planeta. Un antagonista venido del antiguo Egipto que consigue que hasta los polos más opuestos se unan para oponer resistencia a un poder casi indestructible.

El ritmo se mantiene constante gracias a la acción y los efectos visuales, pero de nuevo se vuelve a caer en los debates más manidos de la saga, las interminables discusiones entre Xavier y Magneto sobre sus personales visiones de cómo debe ser el mundo. Singer se esfuerza por limpiar la imagen de frialdad y distante de los villanos clásicos y nos ofrece en bandeja su humanidad con acusadas pinceladas de tragedia griega. Jennifer Lawrence, en la piel de Mística, se erige como una de las protagonistas de la película, así como Sophie Turner representando a una joven Jean Grey, una elección hasta cierto punto cuestionable, pues no puedes dejar de ver a Sansa Stark en la pantalla, con una interpretación bastante lineal.

Evan Peters como Quicksilver aporta la dosis necesaria de humor en una película tremendamente seria y dramática, hasta el punto de que parece llegar el “momento pañuelo”, en el que todos los personajes empiezan a soltar lagrimones de manera descontrolada. La vuelta de los emblemáticos de la franquicia, como Tormenta o Cíclope, nos devuelve a los viejos tiempos, a un nuevo comienzo que pretende enmendar los errores de X-Men 3: La decisión final.

El hecho de sacar a Hugh Jackman del papel protagonista, que para muchos podía suponer un reto y hasta cierto punto un riesgo, se encaja de manera acertada y consigue darle una vuelta de tuerca al resto de los personajes, relegados a un segundo plano en las anteriores entregas y adquiriendo preciados matices en esta. Todos tienen su momento, podría decirse, e incluso hay espacio y lugar para jugosos cameos que harán las delicias de los fans de los X-Men.

La película nos trae de vuelta lo mejor de X-Men, una promesa de que lo que está por venir puede ser muy grande y de que no vamos a echar de menos lo pasado. Como punto negativo, la acción puede resultar repetitiva y un ligero calco de las anteriores, algo que podría haberse enmendado fácilmente. Resulta poco espectacular para un ojo acostumbrado a esos despliegues y no puedes dejar de ver similitudes con las secuencias de las dos predecesoras de esta. No podemos evitar pensar también si hubiera sido posible resolver la trama en menos tiempo, recortando metraje y momentos innecesarios introducidos casi con calzador para asegurarse la duración deseada.

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[Crítica] Capitán América: Civil War

Más en la línea de Los Vengadores que de las propias películas del Capitán América la cinta de Anthony y Joe Russo toma la continuidad de su predecesora y se centra más en las consecuencias de los actos pasados, en las decisiones y en mostrar el lado más humano de los superhéroes. Las diferencias que venían marcándose desde Los Vengadores 2: La era de Ultrón adquieren consistencia en esta cinta, en la que tenemos la oportunidad de asomarnos desde un prisma distinto y ver en una escala de grises, ni blanco ni negro, sino todo lo contrario.

La destrucción desmedida consecuente de las luchas del grupo de Vengadores sale a la luz, dejando de manifiesto el sacrificio y la pérdida de vidas humanas resultante de la espectacularidad y la fuerza de estos míticos héroes. Salvar al mundo a costa de las vidas humanas es el mensaje que gira en las cabezas de los protagonistas y que les lleva a dividirse por conflictos ideológicos, cada vez más irreconciliables a medida que avanza el film.

El argumento, mucho más trabajado, nos ofrece una narrativa más tupida que la de “el espectáculo por el espectáculo” de Los Vengadores, y nos da la oportunidad de recrearnos en otros aspectos además de las coreografías y los efectos especiales. Chris Evans y Robert Downey Jr. encabezan el reparto habitual de la serie, con algunas ausencias, y se rodean de secundarios de lujo, como Daniel Brühl (como antagonista) o Martin Freeman.

Un buen trabajo de CGI y de efectos especiales dan las pinceladas de una historia diferente que conserva toda la esencia de universo Marvel y que nos depara una buena cantidad de sorpresas, ampliando nuestros conocimientos sobre este mundo tan expansivo y devolviéndonos a la nostalgia a ratos. El dramatismo se ve mermado sin embargo por ciertas dosis de humor, que si bien son recibidas de buena gana, confieren al conflicto en ocasiones un tono más naif, casi propio de una riña de bar o una discusión acalorada de viejos amigos. Pequeñas incongruencias que chirrían nos llevan a pensar que Civil War, más allá de centrarse en un conflicto de naciones para con los superhéroes y su control, de la libertad y otros grandes valores, que el único problema radica en que Iron Man y el Capitán América simplemente no se tragan.

La duración, un tanto excesiva, se hace sin embargo más llevadera que las dos entregas de Vengadores, por la pura y llana razón de que cuenta con un argumento, y con personajes más humanos y menos cómic, cada uno de ellos con su motivación y sus matices. No obstante, Capitán América: Civil War atrapará a los incondicionales de Marvel y conseguirá agradar y entretener a un público crítico, que puede encontrar dosis de acción bastante contenidas, que por ello consiguen verse valiosas y apreciables. La acción no es en esta ocasión el fin, sino el medio.

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[Presentación] Star Wars: Episodio VII llega a España en DVD y Blu-ray

El pasado sábado 16 de abril asistimos a la presentación del material extra y contenidos adicionales de la edición en Blu-ray de Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza. Los céntricos Cines Callao fue el lugar elegido por Disney para continuar con la promoción ininterrumpida de la saga galáctica. Allí los stormtroopers imperiales se encargaron de que todos los fans asistentes llevasen un recuerdo de Star Wars que hubieran conservado, a modo de pase de entrada. El merchandising sigue siendo una de las causas y consecuencias de que la creación de George Lucas continúe a flote.

La sesión comienza y no nos sorprende demasiado lo primero que vemos. Las primeras notas musicales de John Williams nos introducen al tráiler de Star Wars Rogue One, que nos permite darle un rápido vistazo al avance de reciente lanzamiento en la red, pero a lo grande. La película no es sino un spin-off que narrará las aventuras del escuadrón rebelde encargado de robar los planos de la Estrella de la Muerte. Ubicada en la línea temporal entre los episodios III y IV, la estética de este film promete devolvernos a los vestuarios y diseños de la trilogía original, una obra de Gareth Edwards más cercana al cine bélico que a la habitual space opera de la saga.

Posteriormente una hora de contenidos adicionales nos sumerge en los entresijos del rodaje de El despertar de la fuerza. Los primeros días de rodaje y la lectura del guión, el cambio de manos de la franquicia, de Lucas a Disney, dejando Lucasfilm bajo la dirección de Kathleen Kennedy, la selección de director y guionistas, etc. Destaca entre el habitual contenido de un Blu-ray, el proceso de creación del droide mecánico BB-8, la idea de construir un robot real y el desafío de emplearlo en el rodaje como si de un actor más se tratase. También hay momentos para Lawrence Kasdan, en los que habla del empeño por trasladar la esencia de El Imperio Contraataca a la nueva trilogía y del propio director, J. J. Abrams haciendo hincapié en la necesidad de que El despertar de la fuerza casi pareciera un remake para dar paso a una nueva trilogía enlazada con la anterior. Mención especial para el reportaje centrado en la composición musical de John Williams, un genio de la creación de bandas sonoras que de nuevo se pone a los mandos y se encarga de poner parte esencial del alma de Star Wars. La saga no sería la que es sin él, eso es indiscutible.

El resto de contenidos se centran en los relatos de los actores, de cómo retomaron la historia de los personajes clásicos y de qué manera afrontaron el desafío los nuevos fichajes de ponerse en la piel de los protagonistas de esta trilogía. Parte de los reportajes caen en la reiteración de la información, confiriendo poco interés en algunos momentos. Podemos asegurar, sin embargo, que el Blu-ray hará las delicias de los fans, aunque su contenido no sea tan sustancial como cabría esperar.
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Texto: Gonzalo Millán

Imágenes: Walt Disney Pictures Spain (carátulas DVD y Blu-ray). Rafael Navarro (portada).

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[Crítica] El libro de la selva

La factoría Disney, sin abandonar galaxias lejanas ni a los héroes del cómic, hace un paréntesis para rescatar una de sus grandes joyas y la trae en un formato lleno de novedades en lo que a lo visual se refiere pero que se mantiene totalmente fiel a la película original. El libro de la selva, el clásico de Rudyard Kipling vuelve a estar de actualidad. Un impecable plantel de actores de primera línea se encarga de poner voz y dar vida a los personajes de esta película: Ben Kingsley (Bagheera), Bill Murray (Baloo), Idris Elba (Shere Khan) o Scarlett Johansson (Kaa).

El peso del papel protagonista recae sobre un joven Neel Sethi, de 10 años, que debuta por primera vez en la gran pantalla y que es uno de los únicos personajes de carne y hueso del film, Mowgli. Como punto fuerte de este remake destaca el increíble empleo del CGI, que consigue sumergirnos en una realidad perfectamente construida y que en pocos momentos nos hace percibir el uso del ordenador en el diseño de los personajes. Los animales están vivos e interactúan de manera natural con Sethi, quien a su vez mantiene una naturalidad innata en la interpretación, una dosis de espontaneidad que flaquea en pocos momentos.

Es esta una cinta dirigida a un público más adulto, quizás con la intención de conectar con aquéllos niños, ya maduros, que disfrutaron de la original de 1967. Por ello, la película está casi calcada de la original, reproduciendo los mismos guiños e incorporando las canciones más celebradas de su predecesora animada. Sin embargo, el tono adulto se reduce a pequeños recursos bien manejados (aunque en ocasiones previsibles), del uso del sonido y a episodios de violencia más estética que otra cosa pues en realidad ésta carece prácticamente de ella. No obstante, excluyendo las apariciones del maltrecho y gigantesco trigre de Bengala, Shere Khan, encontramos pocos motivos para que el público más joven pueda disfrutar de este film.

Disney, con la dirección de Jon Favreau, presenta una apuesta segura y excesivamente conservadora, reservándonos pocos o ningún instante para la sorpresa o la experimentación, todo está medido y todo lo conocemos de sobra, el único valor, y en torno al cual gira todo, es la nostalgia. El remake parece estar de moda, directa o indirectamente, pero sin duda la productora sabe explotar y resucitar sus grandes éxitos haciendo uso de una fórmula que está ya grabada a fuego en sus engranajes y que les catapulta de un lanzamiento a otro sin demasiados accidentes.

La película, como ya viene siendo habitual en la factoría del ratón, se presenta en formato digital y en 3D, éste último poco exprimido en una cinta que prometía un despliegue digno de salirse de la pantalla, y que tan sólo nos ofrece un incentivo de profundidad e inmersión. Para quien guste poco de la experiencia 3D, no se verá excesivamente abrumado y podrá centrarse en la trama, algo que en ocasiones es de agradecer en el formato digital.

La factoría Disney sin abandonar galaxias lejanas ni a los héroes del cómic, hace un paréntesis para rescatar una de sus grandes joyas y la trae en un formato lleno de novedades en lo que a lo visual se refiere, pero totalmente fiel a la original. El Libro de la Selva, el clásico de Rudyard Kipling vuelve a estar de actualidad. Un impecable plantel de actores de primera línea se encarga de poner voz y dar vida a los personajes de esta película: Ben Kingsley (Bagheera), Bill Murray (Baloo), Idris Elba (Shere Khan), Scarlett Johansson (Kaa), entre otros.

El peso del papel protagonista recae sobre un joven Neel Sethi, de 10 años, que debuta por primera vez en la gran pantalla y que es uno de los únicos personajes de carne y hueso del film, Mowgli.

Como punto fuerte de este remake destaca el increíble empleo del CGI, que consigue sumergirnos en una realidad perfectamente construida y que en pocos momentos nos hace percibir el uso del ordenador en el diseño de los personajes. Los animales están vivos e interactúan de manera natural con Neel Sethi, quien a su vez mantiene una naturalidad innata en la interpretación, una dosis de espontaneidad que flaquea en pocos momentos.

Es esta una cinta dirigida a un público  más adulto, quizás con la intención de conectar con aquéllos niños, ya maduros, que disfrutaron  de la original de 1967. Por ello, la película está casi calcada de la original, reproduciendo los mismos guiños e incorporando las canciones más celebradas de su predecesora animada.

Sin embargo, el tono adulto se reduce a pequeños recursos bien manejados, aunque en ocasiones previsibles, del uso del sonido y a episodios de violencia más estética que otra cosa, pues en realidad ésta carece prácticamente de ella. No obstante, excluyendo las apariciones del maltrecho y gigantesco trigre de Bengala, Shere Khan, encontramos pocos motivos para que el público más joven pueda disfrutar de este film.

Disney, con la dirección de Jon Favreau, presenta una apuesta segura y excesivamente conservadora, reservándonos pocos o ningún instante para la sorpresa o la experimentación, todo está medido y todo lo conocemos de sobra, el único valor, y en torno al cual gira todo, es la nostalgia. El remake parece estar de moda, directa o indirectamente, pero sin duda la productora sabe explotar y resucitar sus grandes éxitos haciendo uso de una fórmula que está ya grabada a fuego en sus engranajes y que les catapulta de un lanzamiento a otro sin demasiados accidentes.

La película, como ya viene siendo habitual en la factoría del ratón, se presenta en formato digital y en 3D, éste último poco exprimido en una cinta que prometía un despliegue digno de salirse de la pantalla, y que tan sólo nos ofrece un incentivo de profundidad e inmersión. Para quien guste poco de la experiencia 3D, no se verá excesivamente abrumado y podrá centrarse en la trama, algo que en ocasiones es de agradecer en el formato digital. 

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