berberian_sound_studio_nosologeeks

[Crítica] Berberian Sound Studio

Peter Strickland ofrece una visión aterradora de un género, con un homenaje en toda regla a los artesanos del 'giallo'.

Giallo: Subgénero del cine de terror cuyas producciones se ubican principalmente en la Italia de los años 70 y que pretenden atemorizar al espectador más por sus artificios formales que por su fondo argumental.

Dicen que ‘mas vale tarde que nunca‘. En el caso de Berberian Sound Studio la regla se cumple a rajatabla. En 2012, se rodaba una de las películas del género “cine dentro del cine” más estimulantes del año. Se trataba de una cinta en la que la acción permanecía anclada a un técnico de sonido en una época en la que un género como el terror necesitaba de los artesanos para crear sus efectos.

Berberian Sound Studio compone un universo de pesadillas, aquellas que inundaron las pantallas de varias décadas provocando un sinfín de sueños sin resolver, sudores fríos por centenares de sábanas y micciones incontroladas por parte de quienes no podían evitar sufrir el miedo tras haber visto una clásica demostración de lo que el cine es capaz. A través de los ojos de Toby Jones, el espectador desciende hasta el Berberian Sound Studio, un estudio de grabación por el que pasaron la mayor parte de las cintas del giallo dirigidas por maestros como Dario Argento o Mario Bava. Producciones de ínfimos presupuestos que necesitaban del más puro efectismo para conseguir sus objetivos últimos.

El cineasta británico Peter Strickland se cuela en este estudio de grabación para ofrecer los entresijos del sonido, la creación de una atmósfera irrepetible que irá acompañada por un descenso personal a la locura que desemboca en lo mismo que pregonaban quienes dirigian aquellas películas. Lo imposible existe. Lo que no ves, también. Strickland va abandonando a su protagonista a una locura orquestada por un conjunto de sonidos que componen el imaginario de cualquier película de terror, especialmente aquel giallo en el que el horror se plasmaba en la sangre, las triquiñuelas visuales, la simpleza argumental y el uso del sonido era el mayor arma terrorífica.

Sandías que caen, grillos que cantan, el frotar de una bombilla o el simple grito de una mujer son artimañas más que suficientes para aterrorizar a cualquier espectador. Esta es la magia del cine. El arte de crear desde cero un ambiente que aterrorizará, hará reír o dejará indiferente. Así es el terror. Y así nace. Berberian Sound Studio se puede convertir, si accede a que le cuenten los trucos del cine, en una obra apasionante. Donde nada es lo que parece y donde cualquier sonido, por liviano que parezca, puede resultar aterrador. 

Sin categoría