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[Crítica] Las mil y una noches. Volumen 1: El inquieto

Miguel Gomes estrena el primer volumen de su inabarcable trilogía, una obra maestra que refleja con ironía la situación en el sur de Europa.

Miguel Gomes se ha atrevido con su trilogía a trazar un mapa. Un compendio de realidades aplicables a la situación sociopolítica de un sur de Europa castigado por las decisiones de los que gobiernan, empobrecida por quienes han considerado que, a lo largo de los años, la mejor decisión en vez de aplicar los principios sociales clásicos ha sido la apropiación de cualquier bien que respondiera al calificativo de “ajeno”.

Las mil y una noches nace como respuesta a esa crisis social, más que económica, en la que el sur del continente se halla inmerso. Desde un punto de vista irónico, mordaz y, por momentos, cínico, el implacable cineasta portugués ejecuta un frío acercamiento a una verdad locuaz, que grita pidiendo clemencia y necesaria comprensión. Portugal se encuentra al límite. Miguel Gomes traza el mapa de su país dibujando pequeñas historias en un cosmos inabarcable. Las mil y una noches es un monumento a la cultura desde la huida de su director al comienzo del primer volumen hasta que el espectador cae abandonado a la narración propuesta por Sherezade en torno a todo lo que pretende rescatar el director en la tercera película.

El inquieto responde a la necesidad de huir, a las ansias de libertad no como pasatiempo ni forma de comprender el entretenimiento. Huir y evadirse se tornan en flagrante necesidad, en una respuesta a diferentes estímulos tales como la pobreza, la destrucción del sistema político y la corrupción viciada de la economía a nivel global. La huida de Gomes provoca la envidia de todo aquel que intenta escapar de una realidad reiterada, que se vuelve inoperante, plagada de excesos y sin aparente salida lógica.

La narración propuesta por Miguel Gomes, a través de un calculado libreto, se va desplegando a medida que Sherezade (la misma protagonista del compendio musulmán en el que Gomes basa su cosmos) desvela los recovecos por los que transitará el reparto de la película. Entre las páginas del Ulises de James Joyce se encuentra una frase reveladora que bien intenciona la dirección de la película: “Ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema.” Mucho hay que recorrer antes que cambiar una patria por otra sin renunciar a seguir siendo maldecido por los de arriba, por un poder corrupto, plagado de falsa honestidad y promesas incumplidas. Y Gomes lo cumple a rajatabla a través de su particular visión transversal de la situación a nivel global por esta narración que, tal como decían quienes compilaron Las mil y una noches, “mil y una es el total infinito”.

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