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Ataque a los Titanes, cuando la presa se convierte en cazador

Todos queremos una amiga como Mikasa Ackerman

Ataque a los Titanes es buena. Demasiado buena. Pero no es perfecta, al fin y al cabo, nadie lo es: ni tú, ni yo, ni Scarlett Johansson -aunque a veces me lo pregunte-. Shingeki no Kyojin, su nombre original transcrito al alfabeto romano, se ha convertido en la serie del momento y, por qué no, en el anime y manga más importante de este 2013. Si te has terminado los 25 episodios emitidos, sé bienvenido. Si no, que sepas que te vas a encontrar muchos spoilers.

Tatakae! (¡lucha!)

Cuando el anime de Ataque a los Titanes fue lanzado en abril de este mismo año, pocos se esperaban que tuviese tal repercusión. Por aquel entonces, el manga de Hajime Isayama, verdadero artífice de la obra, vendía bien, pero muy lejos de las historias más importantes del mercado japonés como son One Piece, Naruto o Kuroko no Basket. Sin embargo, fue salir el anime el 6 de abril de 2013 en la cadena MBS y… ¡boom! La gallina de los huevos de oro comenzó a ponerlos.

Y los puso bien gordos. Shingeki no Kyojin ha terminado el año con 15.993.081 tomos vendidos en Japón, o lo que es lo mismo: ha quedado en segunda posición entre los más vendidos del año, sólo superado por el omnipresente One Piece (con 18 millones de copias).

 

 “Si no luchas, mueres. Si ganas, sobrevives. No puedes ganar si no luchas”

 

Pero la pregunta es, ¿qué tiene Ataque a los Titanes (anime) para haber “enganchado” a tanta gente? Pues, básicamente, todo: un argumento bien elaborado y tejido; un diseño que entra por los ojos; unos personajes carismáticos; y un doblaje con fuerza y garra que enamora desde el minuto uno. Y vamos por puntos.

El argumento de Ataque a los Titanes nos sitúa en un mundo donde los titanes, unos seres con rasgos humanos sin sexo, están causando estragos entre la población humana. Ésta, gracias a un gran sacrificio, consigue crear tres murallas circulares de 50 metros que los separa del exterior. Más de 100 años de tranquilidad hasta que un titán, con unas dimensiones superiores a la primera muralla, destroza la puerta que separa un mundo de otro. Comienza el salseo.

Los seres humanos, que se creían completamente salvados en el interior de estas murallas, ven cómo sus vidas siguen siendo igual de frágiles que antaño. Y lo que es peor: pensaban que no existían titanes de más de 15 metros, y había aparecido uno de más de 50. La historia de Shingeki no Kyojin versa, sobre todo, alrededor de estos dos puntos: quiénes son los titanes colosales que van apareciendo paulatinamente -ojito a los que vayáis más adelantando en el manga, no soltéis spoilers en los comentarios- y qué buscan.

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Hajime Isayama sabe llevar perfectamente el hilo conductor de la historia -en este caso del anime, que es idéntico- gracias a una perfecta mezcla de diálogos y secuencias de acción entre los titanes y las tropas que “protegen” a la Humanidad. Esto se consigue también gracias a que los rasgos de los personajes están bien delimitados y construidos -quizás un poco estereotipados dentro del mundo del manga-, aunque lo más destacado de los actores que entran en escena es un aspecto: cualquiera puede ser prescindible.

Este punto comentado es el más importante de la obra y el que da verdadero sentido al argumento: el personaje al que más apego le tienes puede fallecer en cuanto menos te lo esperas. Isayama no tiene predilección por ninguno, y si considera que es prescindible, un titán le arrancará la cabeza (literalmente). Sin lugar a dudas, es la magia de Ataque a los Titanes, ya que consigue que durante los 20 minutos que dura cada episodio, el espectador está arañando la silla con un gesto de: “Oh, no, no puedes matarlo… Hostias, pues sí que podía“.

“Los mataré a todos. Ni uno quedará con vida”

Este aspecto se acentúa aún más en la segunda parte de la serie, es decir, a partir del episodio 14. Las tropas de exploración van cayendo como moscas, y mueren algunos personajes que, salvo que asimiles el concepto de la serie, no te esperas. De igual manera, los combates con el titán mujer, es decir, Annie Leonheart, ponen de nuevo de manifiesto el deseo de Isayama de complicar el rompecabezas que presenta, ya que nadie puede explicar el porqué Annie impide que Eren vaya a desvelar el misterio del sótano de su casa. Muchos enigmas que encontrarán respuesta en la próxima temporada -algunos ya en el manga.

Pero como hemos dicho, no es perfecta. Aunque casi. Ataque a los Titanes cae en el exceso del uso del flashback. Esos combates en los que se va a asestar el golpe final y, de repente, el personaje regresa al pasado: una bonita historia de cuando era niño y adquirió la valentía para superar los golpes de la vida. ¡Eh! Que no está mal, pero rompe el notable ritmo narrativo que la serie adquiere gracias a la perfecta simbiosis de tensión y acción. El tajo que iba a durar cinco segundos se convierte en cinco minutos, como el campo de Olíver y Benji, más largo que la Castellana.

De igual manera, el “interludio” que hay entre los capítulos 10 y 14, es decir, desde que sacan a los titanes de la segunda muralla hasta que deciden ir a la casa de Eren, puede tener un ritmo un poco más lento de lo habitual (como bien demuestra el episodio que existe de recopilación de momentos vistos hasta la fecha).

A pesar de estos dos “peros”, Ataque a los Titanes ha sido una de las series imprescindibles de este 2013 y será, casi seguro, del 2014 y 2015, que es cuando se prevé que concluya. La gran cantidad de interrogantes puestos sobre la mesa ha conseguido que una legión de seguidores estén esperando ansiosamente que salga el siguiente número del manga -me incluyo-, aunque para el anime habrá que esperar un poco más.

Y no lo olvidéis:

“Ellos son la presa y nosotros los cazadores”

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