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[Reportaje] El western como propaganda

 18/08/2012 03:11 |   Autor: Irene Gómez López |  1 comentarios

¿Somos realmente conscientes de hasta qué punto nos influye el cine en nuestra manera de pensar? ¿Cuáles son realmente las motivaciones que se esconden detrás del género ‘western’ cinematográfico y la ideología que opera escondida a través de ellos?

Estos filmes han distorsionado y tergiversado la verdadera realidad de la historia de Estados Unidos y han calado en nuestra cultura. Afirmaciones como que los amerindios eran quienes cortaban las cabelleras son ideas que están firmemente arraigadas en el imaginario colectivo, cuando no es más que una de las múltiples mentiras que el cine nos ha transmitido, ya que lo cierto es que sucedía al revés.

Detrás de este fenómeno descubrimos un método propagandístico y de expansión cultural de los valores norteamericanos. Estados Unidos se sirve de las herramientas que tiene a su disposición como son los medios de comunicación y más concretamente el cine con el fin de configurar una imagen de cara al resto del mundo según sus intereses. La colonización del Salvaje Oeste fue un acto atroz totalmente opresor de las etnias indígenas originarias que allí residían llevado a cabo mediante la masacre de las mismas con total crueldad. Pero la historia siempre suele ser narrada por el bando vencedor. Bajo de la apariencia de lo que podría ser simplemente un entretenido filme de aventuras y acción, se esconde la transmisión de creencias como la exaltación del nacionalismo y el amor a la patria. Todo ello con el fin de justificar y legitimar la barbarie y sangrientas atrocidades cometidas y establecer su versión. Estas películas no implican una simple narración de la historia del país, sino un modo de reescribirla por completo según su conveniencia.

Como ejemplos representativos de este género e iconos del cine podemos mencionar a cineastas como Howard Hawks (Río Rojo, 1948; Río Bravo, 1959; El dorado, 1967), John Ford (La diligencia, 1939; Centauros del desierto, 1956; El hombre que mató a Liberty Valance, 1962), Sergio Leone (máximo exponente del ‘spaguetti western’ con películas como La muerte tenía un precio, 1965; El bueno, el feo y el malo, 1966; Hasta que llegó su hora, 1968) o actores como Clint Eastwood (en ocasiones también director), Lee Van Cleef o John Wayne. Estas películas vivieron su época dorada alrededor de los años cincuenta, entrando en decadencia progresivamente hasta casi desaparecer, aunque más tarde se han producido algunas como Sin perdón (Clint Eastwood, 1992), El tren de las 3:10 (James Mangold, 2007) o Appaloosa (Ed Harris, 2008).

Entre las series de televisión cabe destacar Bonanza o El llanero solitario; y extendido al mundo de la publicidad (por mencionar también otros ámbitos de los medios de comunicación aparte del cine y la televisión) encontraríamos también al hombre Marlboro, icono de los cigarrillos del mismo nombre y representante de los valores americanos.

Estos productos son portadores de un burdo maniqueísmo, donde el protagonista y el “bueno” siempre es el hombre blanco, un ciudadano americano solitario que consigue enfrentarse al enemigo ayudado de su coraje y valentía. Al final consigue vencer así a los “malos”, que son las razas nativas que fueron sangrientamente exterminadas en una batalla sin sentido y claramente en desventaja. De esta manera crean arquetipos utilizándolos a su favor, que quedan paulatinamente grabados en el inconsciente colectivo y que dejan de manifiesto un gran cariz racista y xenófobo. Además, hemos también de mencionar el machismo que hay patente, relegando siempre a la mujer a un papel inferior.

Podríamos afirmar que el propósito del western ha sido alcanzado de sobra y exitosamente, y, de este modo, corroboraríamos el enorme y peligroso poder del que los medios de comunicación (y entre ellos el cine) gozan sobre la sociedad y la cultura, capaces de cambiar el imaginario colectivo a su antojo.



 Comentarios

  1. Saul Briceño    18/08/2012 16:37 

    Curioso reportaje. Pese a evidenciar la clara -y respetable- posición que expones sobre el cine de género western, hay cosas que no me quedan del todo claras.

    Sí, sin lugar a dudas el cine norteamericano ha servido como medio de promoción de sus, llamemos, valores, sobre el bien (siempre americano) ante un antagonismo, a veces nacional, a veces extranjero. Palpable al hacer revisión a sinfín de obras en contra de los alemanes en la década de los cuarenta, de los vietnamitas en los sesenta, de los rusos en los ochenta y noventa, y la comunidad árabe en la actualidad.

    Sin embargo, en el género western ocurre algo muy particular. La comunidad indígena indudablemente sí sufrió un proceso de aniquilación atroz, reprochable en todo aspecto, pero que en muchas de las obras que mencionas jamás fueron evidenciados como “enemigos” o antagonistas principales. Su presencia era parte de una riqueza étnica presente en el entorno, en el ambiente, pero no por ello representaron el adversario que tanto jactas en tu escrito. En muchos casos incluso no son figura presente en la obra.

    Además, el claro machismo que planteas al final no es del género, sino de las características de un feminismo sumiso y casi inexistente por parte de la mujer, donde su posición era más de ama de casa, encargada de la crianza de los más chicos. La mujer, desde un punto de vista social, no surgió sobre la población hasta después de entrada la segunda década del siglo XX.

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