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[La Máquina del Tiempo] Barry Lyndon

Con la resaca de los Oscars aún presente, no podemos pasar por alto una de las grandes injusticias cometidas contra un director clave en la historia cinematográfica. Stanley Kubrick nunca estuvo tan cerca de ganar la dorada estatuilla que con Barry Lyndon. La película de Milos Forman Alguien voló sobre el nido del cuco fue la gran triunfadora de la noche, ganando en las cinco categorías principales y frustrando los planes de Kubrick, que nunca más volvería a estar nominado como mejor director.

Stanley Kubrick llevaba tiempo queriendo realizar una película histórica. La ambición del director neoyorquino fue siempre llevar a la gran pantalla la vida de Napoleón Bonaparte. Kubrick lo tenía todo planeado: desde finales de los 60 había almacenado una cantidad ingente de documentos para la que sería su gran obra maestra. Desgraciadamente, los elevados costes del proyecto hicieron irrealizable la película.

Por suerte, su excelente labor de preproducción no cayó en saco roto. Kubrick se topó con la novela Barry Lyndon de William Thackeray, autor también de La Feria de las vanidades. Ahí estaba la gran oportunidad de Kubrick. Lo que no consiguió con Napoleón lo lograría con Barry Lyndon, pues en el segundo hay mucho del primero. En ambas historias se narra el ascenso y caída de un héroe. Los dos personajes nacieron y fueron condenados al olvido en una isla. La época histórica es prácticamente la misma, el siglo XVIII. Barry Lyndon fue el mejor Napoleón que Kubrick pudo encontrar.

El director adaptó personalmente la novela de Thackeray, logrando un larguísimo pero excelente guión. Kubrick no es muy dado a seguir al pie de la letra las obras originales, afortunadamente. De ahí que el último tercio de la película difiera considerablemente del libro.

Barry Lyndon es la historia de un truhán irlandés que quiere ganar una buena posición social. Para conseguir este fin utilizará cualquier medio, incluyendo las armas. La suerte del protagonista se condensa en dos emocionantes duelos a pistola, que marcaron su destino.

La película destaca por la belleza de sus imágenes. Kubrick, como buen fotógrafo que era, no descuidó ni un sólo detalle. John Alcott se llevó un merecidísimo Oscar en este campo. Cada fotograma de Barry Lyndon es una auténtica obra de arte.

Stanley Kubrick se obsesionó en mostrar el siglo XVIII con todo realismo. De ahí que todas las escenas del largometraje se rodaran con luz natural. Las secuencias en interiores y los planos nocturnos planteaban el desafío de grabar sin más iluminación que unas velas. Para ello, Kubrick recurrió a la NASA para la utilización de unas lentes especiales que le permitieran trabajar en esas condiciones. El resultado, inmejorable. Barry Lyndon cambió el Cine desde un punto de vista estético.

Además de la iluminación y la fotografía, la película tiene otros puntos fuertes. Estamos ante un soberbio trabajo de producción, donde todo está cuidado al milímetro. El vestuario y los decorados de época transportan al espectador a un mundo elegante y exquisito, pero decadente. Todo ello aderezado con una banda sonora de las que ponen los pelos de punta.

En cuanto a actores, la característica inexpresividad de Ryan O’Neal le vino estupendamente en su papel protagonista. El pícaro Redmond Barry se perfila así como un personaje frío y falto de sensibilidad.

Marisa Berenson es la viva imagen de la decadencia de la que hablábamos antes. Bella y frágil, así es Lady Lyndon. La esposa perfecta, paciente y tolerante, que jamás muestra sus sentimientos en público. Berenson hace, sin lugar a dudas, el mejor papel de su carrera.

Visto lo visto, a Barry Lyndon no le faltan ingredientes para ser considerada una obra maestra del cine. Sin embargo, la película fue recibida de manera desigual. No hizo una buena taquilla en EE.UU. y las críticas positivas no fueron unánimes.

Obtuvo siete nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película, director y guión adaptado. Tuvo que conformarse con cuatro estatuillas en categorías secundarias. Un injusto resultado para una película que llegaría a ser considerada ‘de culto’ en los años siguientes.

Pero, sobre todo, el poco éxito de Barry Lyndon golpeó duramente a Stanley Kubrick, ya que nunca volvería a estar nominado como mejor director. En 1975 se esfumaba la última oportunidad de conseguir un Oscar.

Comparada con títulos como La Naranja Mecánica o 2001: Una odisea del espacio, Barry Lyndon es a menudo tomada como una obra menor. Ni mucho menos. En esta película encontramos al mejor Kubrick: el artista, el director, el fotógrafo, el genio. Cierto que no obtuvo el reconocimiento que la Academia norteamericana le debía, pero se ganó un lugar de honor entre los grandes del séptimo arte.

 

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