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[Reportaje] El cine bélico de Steven Spielberg

Los últimos trabajos de Steven Spielberg se han ganado a pulso la lamentable etiqueta de “películas para toda la familia”. Después de las más que aceptables Super 8 (como productor) y Las aventuras de Tintín, Caballo de Batalla se nos presenta como el pretendido retorno del director al género bélico. Sin embargo, los espectadores que acudan al cine esperando ver algo así como la segunda parte de Salvar al Soldado Ryan, retrocederán exactamente treinta años en el tiempo, hasta E.T., donde Elliott hace de Albert y E.T. de Joey. En Caballo de Guerra hay mucho de lo primero y poco o nada de lo segundo. El conflicto que enfrentó al mundo en 1914 es sólo el marco en el que se desarrolla una gran historia de amistad, no es una película bélica.

Pero Spielberg no siempre fue así. Aunque no lo demuestre en su última película, el Rey Midas se desenvuelve muy bien en el cine de guerra. El veterano director tiene una gran deuda con este género. Los dos únicos premios Oscar que ha conseguido a la mejor dirección vinieron con películas de trasfondo bélico, La lista de Schindler y Salvar al Soldado Ryan. Su origen judío, la guerra y el nazismo son elementos muy presentes en su cine, dentro y fuera del género bélico, desde Indiana Jones hasta Munich.

Lleva la guerra en la sangre. Spielberg aún sigue siendo ese chico que creció escuchando las historias que le contaba su padre, veterano de la Segunda Guerra Mundial. Su interés por este conflicto le llevó a finales de los 70 a rodar la comedia sin gracia 1941, sobre una hipotética invasión de los Estados Unidos tras el ataque a Pearl Harbor. La película fue un auténtico fracaso, pero el apego por la guerra no decayó. Después de arrasar en taquilla unos años antes con Tiburón, Spielberg tenía margen de maniobra para hacer lo que quisiera; podía permitirse el patinazo de 1941.

Los 80 comenzaron bien para el director. La saga Indiana Jones y E.T. convirtieron a Spielberg en un respetado cineasta, pero con fama de “comercial”. Para quitarse esta etiqueta, Steven se embarcó en proyectos más personales. El color púrpura supuso el primer acercamiento hacia un cine más serio y reflexivo, aunque no obtuvo el éxito deseado. Dos años después intentó lo mismo con El Imperio del Sol, corriendo la misma suerte. La historia del niño al que la guerra convierte en hombre no cuajó y la película fue injustamente olvidada. Spielberg sacará una valiosa lección de esta primera incursión en terreno bélico: la guerra es un buen camino hacia los Oscar.

Con la estatuilla como meta, Spielberg comenzó con buen pie la que sería su década más brillante, los 90, época de éxitos tanto en taquilla como de crítica. 1993 fue su año. Por un lado, de su instinto comercial salió Parque Jurásico, película que supuso un antes y un después desde el punto de vista tecnológico.

Con los millones conseguidos gracias a los dinosaurios, Spielberg se lanzó a realizar la película que le daría su primer Oscar como mejor director. Cómo no, valiéndose nuevamente de la guerra. La terrible visión sobre el Holocausto judío expuesta en La lista de Schindler no deja indiferente a nadie. A pesar de ser un tema tratado hasta la saciedad, Spielberg nos da una auténtica lección de buen cine mostrando la dura realidad de millones de judíos durante el nazismo. Tras muchos años de hacer cine, el director sabe mejor que nadie cómo captar el momento, cómo conmover al espectador. A Spielberg no le hace falta mucho, tan sólo un abrigo rojo en un mundo en blanco y negro. El buen criterio del director se alía con un guión soberbio y unos actores espectaculares. La lista de Schindler estaba destinada a conseguir el Oscar que le negaron producciones con un despliegue tecnológico más espectacular.

Spielberg se convertía así en el director más respetado de Hollywood. Su éxito le llevó en los años siguientes a centrarse en la producción. Pero Steven se reservaba lo mejor para el final. Nada mejor que despedir la década con una superproducción sobre uno de sus temas favoritos, el desembarco de Normandía.

Así surge Salvar al Soldado Ryan, película que cambia por completo los esquemas tradicionales del cine de guerra. A Spielberg le bastó con la primera media hora de película para marcar la pauta a seguir dentro del género, el realismo. Su obsesión por transmitir literalmente hasta el más mínimo detalle del conflicto surte efecto. La guerra sale de la pantalla y golpea al espectador, nunca antes se había contado una ofensiva así. No es de extrañar que Salvar al Soldado Ryan se convirtiera rápidamente en la película de referencia dentro del cine bélico.

El interés de Spielberg por la Segunda Guerra Mundial se ha mantenido vivo con el nuevo siglo. Ello le ha llevado a producir junto a Clint Eastwood Banderas de Nuestros Padres y Cartas desde Iwo Jima. De la buena relación con Tom Hanks surgió para la pequeña pantalla Hermanos de Sangre y The Pacific, dos auténticas obras maestras dentro del género, del mismo corte que Salvar al Soldado Ryan.

El Spielberg más genial se quedó en los 90. Sus últimos trabajos muestran un giro hacia un cine menos serio, más superficial. La lamentable tendencia que muestra Caballo de Batalla podría repetirse en producciones posteriores, como por ejemplo Robopocalypse, prevista para 2013.

Pero ¡ojo!, Steven no se ha olvidado de hacer buen cine. El Rey Midas siempre guarda un as bajo la manga y sabe cómo encajar los golpes. Este año tiene una nueva oportunidad de demostrar su valía con el drama histórico Lincoln. El eterno conflicto entre el Spielberg serio y el comercial no se resolverá con su próximo estreno, pero nos dará una buena pista sobre quién va ganando en su particular guerra interna.

 

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