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Ian McKellen y su crónica de Nueva Zelanda

No, desgraciadamente no hemos tenido tiempo de volar hasta Nueva Zelanda para conocer todos los entresijos que allí se dan cita durante la producción de El Hobbit. Sin embargo, eso no ha sido impedimento alguno para tener a un cronista de primer nivel con nosotros.

El propio sir Ian McKellen (Gandalf) nos narra de puño y letra (o más bien de teclado y dedos) esta crónica publicada en su web oficial, en la que nos cuenta con multitud de detalles una de sus visitas a diferentes e idílicos parajes de Nueva Zelanda. Toda una carta de primera mano.

El Hobbit aún se estará moviendo durante un par de meses, visitando una docena de lugares arriba y abajo de Nueva Zelanda.

Filmar al aire libre siempre estará a merced del cambiante clima primaveral, con sus repentinas lluvias y sus cielos variados. Así que la pregunta diaria es “¿cuál es el pronóstico?”. Si lloviera de una manera muy fuerte y persistente nos tendríamos que refugiar y esperar, pero hasta ahora vamos bien, iluminados por un sol regular. El otro día lloviznó pero seguimos con el rodaje; sin embargo las cámaras 3D no pueden registrar la lluvia. Una lástima. La lluvia en una película en 3D hubiera sido excepcional, en todos los sentidos.

Somos unos quinientos y viajamos con la eficacia de un ejército o un circo en movimiento; nos han suministrado transporte, vivienda y cama para cada uno de nosotros. En calidad de turistas en Nueva Zelanda, claro. Los hoteles son raros aquí, excepto en las ciudades y, por supuesto, la mayoría de nuestros asentamientos están en la selva. Yo viajo con mi propia almohada de plumas y no tengo queja ninguna. Siempre y cuando el tiempo acompañe, es un poco como estar de vacaciones. Steve Thomson es mi asistente (buscadlo en los créditos de las películas). Él se asegura de que esté cómodo. Nos conocimos hace 11 años durante el rodaje de El Señor de los Anillos, cuando era el masajista de los doloridos miembros de los actores.

Steve sabe bastante sobre Nueva Zelanda y conduce nuestro Toyota Land-Cruiser Prado al norte de Wellington, a lo largo de la costa oeste de la Isla del Norte, cerca del majestuoso pico volcánico de Taranaki. Aunque tentador, sólo lo pudimos ver durante un minuto o dos, ya que estaba envuelto por una nube. Una leyenda maorí dice que este volcán es un dios de la montaña, en luto por su amor perdido. Se le puede ver con más claridad como el doble de Monte Fuji en El último samurai.

Nuestra ruta se dirige a lo largo de los caminos rurales de las tierras agrícolas y a través los montes, con unas vistas maravillosas. Ahora, con la llegada de la primavera, corderos y terneros inundan el verde y me recuerda a la Región de los Lagos, el nuevo parque de casas nacionales en el noroeste de Inglaterra. La diferencia es que el campo británico se ha arado por muchos siglos, domesticando el paisaje con los vallados, cercas, paredes. En Nueva Zelanda se pueden recorrer kilómetros sin signo de ocupación humana, sin embargo, a menudo parece un paisaje familiar, como si el departamento de atrezzo hubiera dado un cambio de imagen a estas colinas.

Más tarde, tras una curva en una carretera desierta y sin previo aviso… ¡un volcán activo! ¡Y otro! A continuación, otra curva y una playa surfista, aguas termales, cuevas, selva virgen. ¡Dios mio! Terremotos. Tanto Steve como todos los Kiwi que conozco tienen fuertes puntos de vista sobre la conservación de su tierra, y lamentan que los bosques hayan sido talados (aunque no sin motivo) y las especies se extinguieran; sin embargo, mucho terreno sigue siendo protegido. Desde el aire, los campos ondulados de las pequeñas explotaciones (o ‘stations’, como también se les llama), son muy hermosos. Es el resultado de una laboriosa deforestación.

Gracias a Dios, hay muy pocas señales a lo largo del camino que profanen la belleza. Sin embargo, estas vistas se pierden por culpa de los carteles con la sonrisa de confianza del Primer Ministro, pidiendo votos para las próximas elecciones generales. Yo prefiero los jugadores de rugby a los políticos de derecha, por lo que me quedo con otros símbolos: las banderas y pancartas, que siguen animando a sus campeones por el triunfo en la Copa Mundial de Rugby: “Go All Blacks”.

Cerca de Taranaki, Steve hizo un alto y me insistió en visitar Stratford, un pueblo campestre donde hay una gran cantidad de calles con nombres de personajes de Shakespeare, incluyendo la calle principal, Regan Street. Me pregunto si los vecinos se dan cuenta o si saben que la hija mediana del rey Lear era un torturadora y una asesina psicópata.

En el centro de Prospero Place hay una torre en honor a los Tudor que, según los orgullosos guías turísticos, es el único carillón del país. Es un edificio feo y tal vez un carillón es demasiado. Tres veces al día, unos muñecos de Romeo y Julieta salen de su prisión para ver la luz del día. Pero he visto otros carillones y no hubiera sido ningún problema perdernos esta parte de Stratford.

Cerca de allí, en el Teatro Real, hay una representación de una obra temporal, y casi todas las noches se utiliza como sala de cine administrada por una fundación benéfica. En el hall de entrada permanecen aún restos de la publicidad de El Señor de los Anillos, además de una librería de cine. El sábado por la tarde quisimos conocer al gerente y al proyeccionista, que esperaban tal vez una docena de nosotros para llenar su teatro de 300 plazas. Desafortunadamente, Steve y yo tuvimos que seguir nuestro camino.

En plan era rodar primero en Matamata, donde hace once años Gandalf el Gris entró a formar parte de La Comunidad del Anillo, donde saludó a Bilbo (Ian Holm) en la puerta de Bolsón Cerrado. Esta localización ha sido señalizada como “Hobbiton”, un sitio donde los turistas buscan la Tierra Media y reflexionan sobre los restos miserables que quedan de nuestra filmación. El pueblo ha tenido que ser reconstruido y los jardines, de nuevo, trazados para El Hobbit.

Todos nuestros camiones, remolques, generadores, carpas-comedor y aseos estaban escondidos detrás, debajo de las colinas circundantes, pero ha sido bastante nostálgico caminar por el camino que conduce a Bolsón Cerrado, donde esta vez Bilbo (Martin Freeman) será sorprendido por Gandalf. Ya hemos filmado allí durante una semana, esta vez dejándolo todo atrás para que los visitantes, en un futuro, no tengan que adivinar el sitio y ver Hobbiton en toda su gloria. Incluso serán capaces de obtener un aperitivo en el Dragón Verde. Peter Jackson, siempre gracioso, me sugirió que estableciera aquí mi residencia como guía turístico en mi sombrero puntiagudo azul. Me lo estoy planteando.

Ian McKellen, Paradise NZ, 29 de noviembre de 2011.

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